"Tata" Martín y el Juego del Poder Real
Más de 15.000 personas en el Festival Río y Luna fueron el escenario perfecto. Eduardo "Tata" Martín, intendente de Santa Rosa, no solo agradeció al Gobierno de Córdoba, sino que delineó con esa acción un mapa claro de alianzas y desencantos. En la trastienda, una reunión de bar con el "embajador" del Gobernador. Hablamos de gestión, obras y, sobre todo, de la cruda realidad de a quién le tocan la puerta los municipios cuando necesitan respuestas.
El éxito de un festival se mide en asistentes, pero en política, se mide en gestos. Y el gesto del intendente Eduardo "Tata" Martín, ante más de 15.000 personas agradeciendo el apoyo del gobierno provincial a su evento emblemático, fue una declaración de principios con megáfono incluido. No fue un simple agradecimiento protocolario; fue la validación pública, masiva y emotiva, de un canal de gestión que está funcionando: el del gobernador Martín Llaryora a través de su "embajador" designado, el legislador Federico Alesandri.
La reunión en un bar céntrico de Santa Rosa, que Martín no oculta —“nuestro intendente no oculta nada”—, fue la contracara privada de ese agradecimiento público. No fue un café entre viejos conocidos; fue la consolidación de un nexo operativo. "Tata" Martín, un hombre que se define como el intendente "de todos los santarroseños" y que presume de dialogar con todos los colores partidarios, tuvo su primera charla extensa con Alesandri, a quien define sin tapujos como "un animal político". La agenda fue concreta: más obras para Santa Rosa, fondos, y "política departamental y provincial". Notablemente, deja fuera la esfera nacional. Es un dato no menor, sino la clave de toda la ecuación.
Porque aquí emerge el mensaje más potente y revelador de su relato: la desoladora comparación entre dos gestiones. Por un lado, la provincial, que "aporta con hechos". Por el otro, la nacional, que le quitó aportes para medicamentos, seguridad social, discapacidad y transporte, y que lo dejó plantado en una audiencia previamente agendada. "No nos aportaron ni una aspirina", sentencia con una crudeza que pocos jefes comunales se atreven a vocalizar. El único "aporte" recibido fue una orden de retiro de bienes de una gestión anterior. El contraste no puede ser más gráfico: una puerta que se abre y otra que se cierra con un portazo.
Esta editorial no habla solo de un festival exitoso o de una reunión de bar. Habla de un intendente pragmático que, frente a las necesidades urgentes de su pueblo, traza un mapa de poder basado en la efectividad, no en las siglas partidarias. Su apoyo al "federalismo efectivo" de Llaryora es, en realidad, el respaldo al único nivel de gobierno que, hoy por hoy, le está dando respuestas concretas.
La figura de "Tata" Martín se erige así en un termómetro clave para Calamuchita y para la provincia. Es el perfil del gestor que, forzado por la realidad, prioriza el recurso concreto sobre la afinidad ideológica pura. Su viaje a Córdoba rindió frutos. Su viaje a Buenos Aires, solo frustraciones. El mensaje para 2027 ya está siendo escrito, no en discursos, sino en cheques para obras, en subsidios para festivales y en la memoria colectiva de quienes ven cómo, en la política real, a veces hay que agradecer en voz alta a quien te tiende la mano, y señalar con el dedo a quien te da la espalda. La carrera no solo ha comenzado; ya tiene su primer relato de victoria... y de abandono.
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